Siempre que llega un ganado al establecimiento pasa por un período de acostumbramiento en el "corral del fondo", que tiene un tosco eléctrico de dos cuerdas sujeto por varillas plásticas. Al comienzo lo pasan por arriba, lo tiran y alla vamos, lo levantamos y a probar de nuevo. Al otro día ese alambre amanece parado. Superada esa etapa, pasan a los potreros escuela, armados con dos cuerdas eléctricas pero que en su entorno mantienen un alambrado convencional. Si revientan algún costado y salen, no van lejos. A partir del momento en que respetan la escuela, los empezamos a llevar a los próximos potreros, siempre llamando, jamás tocando. Utilizamos mucho la bocina de la moto, sonora y aguda.

Después de unos 30 días, así se comportan:

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© 2016 por Juan F. Dutra
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