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  • Red Uruguaya PRV

Señal que cabalgamos...

Actualizado: 9 de abr de 2019

Escrito por: Nilo Ferreira Romero


Ya llegando al medio siglo de práctica del Pastoreo Voisin en nuestra propiedad aquí en Bagé, y habiendo registrado en algunos años más de mil nombres de visitantes de varios países del mundo, confieso que no se bien qué responder cuando me preguntan por qué el Pastoreo Voisin no fue completamente adoptado por muchos otros brasileños.

Que se trata de una experiencia con resultados satisfactorios y que demanda gastos muy inferiores a otros tipos de pastoreo se podrá comprobar con el coro afirmativo de todos los que lo ejecutan correctamente.

Quizá pudiéramos atribuirle un poco de culpa a la investigación científica, que, por lo que hemos visto, en lugar de reposar sobre el Pastoreo Voisin se centró en otros tipos de pastoreos rotativos, en su mayoría especies de pastoreos continuos “maquillados”, y que por su constitución acaban con resultados muy diferentes, claro, al verdadero Pastoreo Voisin. Trabajos que, dicho sea de paso, son justamente los utilizados por los detractores del Pastoreo Voisin por todas partes. Todo eso, obviamente, nada más puede hacer que dificultar la difusión del método.

Aún más allá de todo eso creemos que la poca difusión de un método tan innovador como el método Voisin se debe a otros factores. Factores que acabamos reflexionando en nuestras lecturas de maestros de la envergadura de Jorge S. Molina, impulsor de la microbiología de suelos en agropecuaria, o James Lovelock, consultor de NASA y nombre bastante conocido de la ciencia mundial contemporánea.

Para Molina los científicos tienen siempre una lentitud extrema y resistencia en aceptar innovaciones y modificaciones trascendentales. Hace referencia al mismo Louis Pasteur, que en sus inicios fue siempre combatido por los científicos médicos. ¿Estaría esta lentitud y resistencia en la raíz de la poca difusión del Pastoreo Voisin en nuestras tierras?

Ya Lovelock nos recuerda la poca libertad que tienen los científicos para salir de sus “capillitas”. Ya que prácticamente todos los científicos son empleados de una organización, sea esta del gobierno, una universidad o una empresa privada, raramente les es concedida la libertad de expresar su propia visión científica. Incluso sonaría antipático desafinar con el canto vigente. Si en algún momento de sus carreras tuvieron la pretensión de ser artistas autónomos, terminan, en la mayor parte de los casos, como teólogos medievales, acorralados en doctrinas pre fijadas, limitados a las “reglas tribales” de disciplina a que pertenecen y trabajando sin mucha inspiración o curiosidad. Acaban desprendiéndose de la libertad de pensamiento por buenas condiciones de trabajo, por un rendimiento estable, una cierta seguridad y una jubilación.

A todo esto, le sumamos que, por encima de todo, tendrán que tener un compromiso mucho mayor con la necesidad de vender los productos que fabrican sus empresas o ideologías que con la verdad.

¿Estaría todo esto en el cerno de la poca divulgación del método? ¡Vaya uno a saber hasta qué punto!

En fin, como dice un viejo proverbio, la verdad es una pelota que se quebró, cada uno tiene un pedazo, pero piensa que tiene el todo. Quizá el tiempo junte algunos pedazos y nos sea revelado el motivo de la poca difusión del Pastoreo Voisin.

Hasta entonces, solo nos resta decir que si nuestros animales engordan en la medida que consideremos que debe ser, es señal de que vencimos, es seña de que pastoreamos de la mejor manera. A los otros, quien sabe con el tiempo no vengan a juntarse a nosotros, y hasta corregirnos.

Hasta allá talvez los perros ladren aún más, entorpeciendo la difusión de nuestro pastoreo, pero por sobre todo, es importante que cabalguemos. Vaya a saber si esos perros algún día no se transformarán justamente en nuestros mejores pastores.

Bagé, septiembre del 2006.

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