Por varias décadas los centros de investigación uruguayos han buscado, sin éxito, establecer en nuestros campos leguminosas de interés forrajero que pudieran rellenar el hueco que su ausencia provoca en la dieta de nuestras vacas y establecer un sistema interesante de fijación de nitrógeno atmosférico en nuestro suelo.

 

Sinnúmeros de intentos, innúmeros los fracasos. A cada tres o cuatro años, sucumbe lo que se implante, y hay que arrancar de nuevo. En el mejor de los casos no se rotura el suelo, y se utilizan diversas técnicas que van desde la zapata hasta la siembra en cobertura, casi siempre acompañada de fertilizantes sintéticos o en su defecto, fosforita.

 

En todos los ensayos realizados lo común es (y será) que las especies nativas vuelvan a poblar el suelo, desvaneciendo el intento de transformar a nuestra pastura en un pradera “de pedigree”, parafraseando a Arno Klocker.

 

Hasta acá, hablamos de una inversión de 200 a 500 U$ por cada hectárea.

 

Lamentablemente nunca se pensó en apostar a lo nativo, o si se lo hizo, no se supo entender ni respetar la fisiología de nuestras leguminosas, que como todo ser vivo, necesitan descanso. Algunos ensayos no respetaban los períodos de reposo, otros ignoraban el hecho de que ocupaciones muy largas deterioran los rebrotes comprometiendo el futuro de la planta, y en los peores, las plantas eran cortadas o pastoreadas en tiempos fijos.

 

En estos años que llevamos de pastoreo racional, jamás pudimos ver un solo potrero que estuviera en condiciones óptimas de corte en períodos iguales. Un mismo potrero llega a su punto de cosecha en 30 días en una rotación, y en 45 o 50 en la próxima para volver a dar pastoreo a los 25 días en la siguiente, es un caos. Ese es el desequilibrio en el que se basa la vida, e intentar imponer los criterios analíticos humanos a un ecosistema es intentar controlar lo incontrolable.

 

Que nos sobra, entonces? Observar. Encausar todo lo que veamos que la naturaleza hace por si misma, a su “antojo”, a nuestro favor.

 

Ah, si, omití decir que todo esto es...gratis.

 

Ahora a la defensa del humilde, que en este caso es el “pega-pega”, desmodium incanum, éste de la imagen:

Esta leguminosa es nativa del Uruguay, tiene miles de años de evolución adaptativa a nuestro suelo y clima, y ha mostrado un comportamiento en sistema racional bastante diferente al que presentaba en pastoreo continuo o rotativo irracional. Ya al segundo año de manejo racional empezamos a darnos cuenta de su respuesta positiva, y hoy podemos decir que ha “forrado” el suelo, principalmente en las cuchillas arenosas, en donde teóricamente no hay lugar para leguminosas.

Debajo de chircas, tolera la sombra. A pleno sol, produce muy bien. Con pastoreos al ras anda bien, y con remanentes importantes muestra su vigor al saltar por encima de la pastura hasta el medio metro de altura. Todo le cae bien, excepto la primer helada importante, cuando se marchita y solo vuelve en la primavera. Pero su aporte en el verano es intenso, se puede ver el vigor del pasto horqueta que crece cerca de sus raíces, un consorcio perfecto. Sumado al hecho poco conocido de que el pasto horqueta tiene también la capacidad de fijar nitrógeno en el suelo, hablamos acá de una combinación de especies altamente valiosas que ocurre en un suelo realmente pobre, considerado de "prioridad forestal" por su teórico bajo potencial.

Al ver el avance del pega pega sobre el tapiz a tal punto de cubrirlo puedo concluir que la lucha de años por lograr establecer definitivamente una leguminosa interesante en nuestro suelo no tuvo más impedimentos que la falta de conocimiento sobre fisiología vegetal. Yo no manejo mucha teoría, pero lo logré en la práctica, siguiendo los principios del pastoreo racional. Si estoy equivocado y el motivo no es ese desconocimiento, porque se ha fracasado tanto? Y si no se le puede llamar fracaso, en donde está la leguminosa que pueda el productor establecer en su campo de una vez y para siempre?

La respuesta a esa búsqueda estaba aquí todo el tiempo, debajo de nuestros pies.

 

No se que tanto mejores podrán ser las especies que se han intentado establecer, los pocos estudios a los que pude acceder hablan de un 14% de proteínas para el pega pega…será poco?

 

De cuantas injusticias han sido objeto nuestras pasturas nativas.  

 

Que falta hace empezar a mirar lo nuestro

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© 2016 por Juan F. Dutra
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