Desde chico me preguntaba si la ganadería tendría siempre que ser como la veía yo, cosa para gente ruda, productores con baja rentabilidad, destinados a vivir siempre con el bolsillo ajustado. Oía hablar de los ganaderos de Nueva Zelanda y Australia, que se levantaban “con la regla para medir el pasto”, donde no se trabajaba menos, pero al parecer con todas las comodidades, y no habiendo más diferencias entre los ganaderos que sus “talentos o sus virtudes”. Porqué tantas diferencias?

Mientras esas dudas recorrían mi día a día, corrían los años setenta y ochenta, sin saber que por otro lado, y para peor muy cerca, se estaba gestando el comienzo del pastoreo racional, en los campos de Don Nilo Romero en Bagé, y de Luis Carlos Pinheiro Machado en la afueras de Porto Alegre. Nunca me llegó un relato, comentario, o cualquier breve alusión a la alternativa productiva que planteaban estos señores. Seguía entonces encerrado en lo que se conversaba en las veterinarias, escritorios rurales, conversaciones con amigos.

Un día del año 2008 surgió la posibilidad de que mi hijo mayor, Juan Francisco, realizara algo hasta el momento impensado en la lejanía en que vivimos: un curso a distancia, internet de por medio, sobre pasturas naturales, ofrecido por el Instituto Plan Agropecuario y organizado por el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. En el transcurso del curso nos pechamos con las 4 leyes de Voisin y la curva sigmoidea del crecimiento de las pasturas, y desde entonces no he parado de investigar sobre pastos, especialmente los nativos. La tremenda coherencia de estas cuatro leyes me dejó perplejo, y me llevó a buscar una forma práctica de aplicarlas. Pero resulta que todo ya estaba inventado, Nilo Romero, Luis Pinheiro Machado y Humberto Sorio en Brasil, Arno Klocker en Chile, Edgardo Vanoni en Argentina, Guillermo Lebrón en Paraguay, Michael Rúa Franco en Colombia, Bill Murphy en Estados Unidos, Joaquin Lapetina en Uruguay, cada uno poniendo su toque regional, ya sea en el perfeccionamiento o difusión de la aplicación práctica del sistema, restándome a mí solamente leer, entender y aplicar.

Leer y entender fue moderadamente fácil. El gran tema era (y es) aplicarlo. Estando radicado con mi familia en una zona extremadamente conservadora, apegada a las viejas prácticas y manejos, no pude dejar de escuchar algunas carcajadas y otros comentarios despectivos de vecinos y amigos, pero lo sorprendente era escuchar la risa de los profesionales que me rodeaban, que solo dejaban de reírse para decirme “te va a ir mal”. Entendiendo que para ser un crítico o detractor sobre un determinado tema hay que tener un profundo conocimiento del mismo, y sabiendo que no lo tenían, seguí adelante, construyendo lo que hoy es un predio que realiza ganadería “Voisin”.

 Como en todo lo nuevo, hay que ir aprendiendo con errores y aciertos, más con errores, pues los aciertos muchas veces pasan desapercibidos, pero de haber tenido apoyo técnico idóneo, habría sido más fácil. Me tocó, por un lado, correr los riesgos económicos de los errores, y por otro, escuchar el silencio que generan los excelentes números que logramos en kilos de carne por hectárea y la carga triplicada. 

Dice uno de los libros que leí que la capacidad de entender y aceptar al pastoreo racional es directamente proporcional al nivel de cultura del individuo. Pero la vivencia me demostró otra cosa. En una de las visitas que recibimos en casa, tres académicos llegaron con un guía local. Después de dos horas caminando y argumentando, seguían sin comprender como sin insumos o "intensificación", se extraían   200 kilos por hectárea y al mismo tiempo se notaban mejoras en el tapiz. Y se fueron sin entender, nomás. Pero el guía, con su tercer año de escuela rural, me dijo: " no se que no entienden estos hombres, si Ud puede hacer más pasto, puede poner más vacas, si tiene más vacas, más fertiliza el campo, y cuanto más fertiliza el campo, hace más pasto, y arranca tooodo de vuelta". Desde esa tarde entendí que la comprensión y aceptación del pastoreo racional no pasa por el nivel de cultura, y si por la capacidad de "abrir" la mente. Este hombre rural de bajo nivel cultural, hoy tiene 26 potreros, y sigue avanzando.Y talvéz el hecho de que un productor ignorante como yo haya logrado implantar algo tan distinto leyendo un par de libros y haciendo algunos cursos, sea lo que me lleve a agradecer no haber estudiado, pues esa falla me mantuvo permeable a lo diferente. Aquí es necesario aclarar esta aparente contradicción. "No haber estudiado" significa no haber hecho universidad, pero no quiere decir que para lograr conocimientos suficientes como para implantar un pastoreo racional no haya tenido que instruirme en varios aspectos, leyendo libros y haciendo cursos direccionados a mis objetivos. Así que en definitiva, tuve que volver a estudiar, pero sin una mentalidad endurecida, y valiéndome del entusiasmo que genera informarse sobre lo que realmente nos gusta.

Por otro lado, mi amigo Humberto Sorio siempre me repite: "Juan, sos un pésimo ejemplo lleno de buenas intenciones". Y se refiere a que en mi buena intención de difundir los beneficios del pastoreo Voisin, trasmito la idea de que se puede llegar a buenos resultados sin asistencia técnica. Y yo lo entiendo, pero...donde está la asistencia técnica? Existe hoy en los técnicos una dureza mental frente a lo racional, aunque ya se sienten aires de cambio. Creo además, que el desconocimiento del sistema Voisin desvaloriza nuestros técnicos, principalmente en un país que quiere ser “natural”, cabiendo a la academia corregir esta laguna con inmediatez. En cuanto tengamos en Uruguay un grupo de técnicos con formación netamente agroecológica, este blog no será mas que un recuerdo anecdótico. Hincho por eso.

Me tomaré, entonces, desde una visión práctica y rural, el atrevimiento de intentar orientarlo en el camino del proyectar, implantar y conducir un pastoreo racional. No espere encontrar términos o fórmulas técnicas apuradas, simplemente los relatos de lo que me ha pasado en estos años de ganadería Voisin sumados a conocimientos ajenos que he aplicado, validado o rechazado, para formar mi propio conocimiento.

 

LA DECISIÓN

Un primer paso totalmente recomendable es tomar la decisión de cambio en familia. Con el tiempo pudimos ver al pastoreo racional como mucho más que un simple sistema de explotación; se tornó, para nosotros, una filosofía de vida. Vivir en armonía con la naturaleza y obtener de ello 200 kilos de carne por hectárea reconforta a los integrantes del núcleo, estimula a salir a trabajar y volver a casa con buen humor. Pero para lograr este equilibrio es necesario haber comenzado, y los comienzos son difíciles. Enfrentar lo difícil con apoyo de todos los de casa es siempre más fácil, y cuando todos están comprometidos con una causa y tiran para el mismo lado, difícilmente hay fracasos. Por eso considero de extrema importancia ese gesto tan poco usado de sentar en torno a una mesa a todos, de los mas chicos a los más grandes, analizar las posibilidades de cambio y decidir en familia. Superada esta instancia, el propio pastoreo racional se encarga del resto. Y si se detiene un rato a pensar, que sentido tendría lograr suceso con algo si los integrantes de su familia no se sienten bien con ello? O peor: si su familia es feliz hoy, con la explotación actual, porque cambiarla, si ya tiene el tesoro más valioso? Que duro es mirar hacia atrás y darse cuenta de que “éramos felices y no lo sabíamos”.

Pero si lo que Usted está buscando tiene que ver con lograr armonía entre lo económico,  la conservación y recuperación de su área y el índice de felicidad familiar bruta, sin dudas que el pastoreo racional ideado por Voisin se plantea como una luz al final del túnel.

Piénselo.

En la próxima, contaré que cosas leí, que cursos hice, y como empezar a proyectar el cambio.

Hasta entonces.

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© 2016 por Juan F. Dutra
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